Sábado
La luna esta hoy más brillante que nunca, y aun mientras estoy tendida en mi cama siento su resplandor cual si fuera el sol. Las nubes pasan rápidamente todas ellas tratando de arrastrar todo con ellas, pasan también mis pensamientos con fugacidad que no ha ido premeditada y soy conciente de que mi subconsciente esta jugando una vez más con mi mente. Es inevitable sentir como cada sentimiento puro se transforma en algo retorcido y es imposible ignorar esa sensación latente que a pesar de que me empeñe en negarlo se que está allí y estuvo siempre esperando el momento adecuado para aparecer con renovadas fuerzas.
Pensamientos como estos son los que rondan mi mente sin descanso, siempre acudiendo a la cita acordada silenciosamente, sin fallar nunca y dejando cada vez más turbada al alma.
Como es posible que la boca pueda ser tan independiente del corazón, como puede suceder que mientras se siente odio se exprese amor. La delgada línea que separa la mentira de la verdad puede ser fácilmente quebrantada con tan solo un murmullo, uno que mis oídos se niegan a oír pero que mi razón sabe con certeza que está allí, que fue pronunciado, y me gasto pidiendo señales, cuando todas ellas están en frente mío gritando y advirtiendo a cada minuto, pero soy así de necia y prefiero continuar clavando la daga aún más profundo, aún más doloroso, moviéndola para llegar más al fondo para abrir aún más la herida para producir más sangre, ofuscando mi razón con cada tajo, y más fuerte y más fuerte. Y allí esta la voz que grita, clama, llora por mi, pero no puedo detenerme. El dolor se ha fusionado con algo muy profundo en mí; más que al alimento necesito del dolor. Sin dolor no hay vida.
Podré aprender a vivir sin dolor? Podré alguna vez tan solo sentir, sin juzgar, sin pensar, sin calcular.

